23 dic. 2010

Esta vez Sinde no ha cazado a su presa

Espero que sea un amargo revés para esta figura en la función de marionetas. Debería pensar en dimitir cuanto antes, si yo estuviese en sus zapatos me daría vergüenza de mi mismo, casi desearía morir más que dimitir. Si le echásemos un vistazo a su trayectoria, sus pasos profesionales y sus aportaciones actuales al gobierno, la cosa es para echarse a llorar; yo no contrataría a alguien con estas habilidades ni para barrer.

Me resulta tremendamente triste, saber que estamos en manos de personas que no tienen nada que aportar, ni siquiera saben ser honrados, no es que lo vayan a ser, sino que sepan lo que eso significa. Tengo la sensación de que nuestros propios políticos, aquellos que durante las campañas prometen y prometen ahora son nuestros enemigos dominados por los intereses.

Señores, si no son ustedes capaces de cumplir sus promesas ni de lejos, es más, si por la razones que sean tienen que hacer lo contrario a lo que piensan, ¿Cómo es que no tienen el valor de dimitir?, si no son ustedes capaces de impulsar absolutamente nada, y en lugar de fomentar la economía y la sociedad, se hacen esclavos de quienes quieren dominar la situación, ¿Cómo es que tienen la desfachatez de seguir mintiendo a todo el mundo?

Durante muchos años he creído que eso de la corrupción estaba desapareciendo, y que solo se daba en países con un menor desarrollo; ahora veo que no, todo sigue igual, lo que en términos corruptos antes era meter la mano y dejar que las monedas sonaran en los bolsillos de unos cuantos; ahora ha evolucionado sutilmente para enmascararse con leyes y reglamentos, que casi desapercibidos van modelando los caminos a favor de quienes, presas de la avaricia y el egoísmo “pueden que todo les sea favorable”.

En este instante parece que tenemos un momento de alivio en la lucha contra la famosa ley Sinde gracias a que otros grupos políticos no apoyaron que la ley fuese al senado.

Pero quedan muchas preguntas en el aire:

¿Realmente no va a volver a intentarse colar esta ley?
¿Y si no cuela, hasta donde serán capaces de disfrazarla para que vaya pasando poco a poco?

Y lo que más me preocupa, ¿REALMENTE LOS QUE VOTARON EN CONTRA ESTABAN HACIENDO POLITICA? ¿O SOLO OPOSICIÓN?

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Foto cortesia de Ramón Diaz-Bustamante Berasategui

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué desgracia. Todos los creadores quieren luchar contra la piratería, pero el éxito de su campaña depende de que una ministra de cultura, más que sospechosa tenga que colar una disposición adicional dictada por Estados Unidos en una ley de economía sostenible que presumiblemente, quiere luchar contra la crisis. Esto, por mucha sal que le pongamos, HUELE MAL.

Si realmente estas actividades “de piratería” son tan ilegales como defienden unos cuantos tragaldabas que han sido capaces de “apretar” (no sabemos muy bien por donde y con quien) para que todos paguemos cuando compramos un dispositivo que almacene datos, como si todos los datos fueran suyos, cuando se estima que de todos los datos almacenados en dispositivos de almacenamiento digital solo un 1% es contenido con derechos de autor. Si realmente estas actividades “de piratería” son tal ilegales, ¿por qué narices no lo dice un juez? ¿Por qué no un juez cierra todas la páginas web?.

Señores el problema no está ahí, quien quiera saber que sepa, Spotify, iTunes, netflix son nuevos modelos de negocio para nuevos tiempos, con mucho dinero en juego, pero que supone enterrar viejos paradigmas de negocio y esto supone remover muchos cimientos que sustentan grandes fortunas …. Quien quiera saber que sepa y quien no que espere a ser arrastrado por la corriente….

María José dijo...

Tan cierto como que estás leyendo esta reflexión en este momento.

Pero dando un paso más y teniendo en cuenta que en la vida real no existen los "superhéroes" que vienen a salvar el universo, ¿quien puede hacer frente a esta situación? ¿el mismo perro con distinto collar? o bien nosotros ¿los seres humanos que no queremos ni oir hablar de responsabilidades que trasciendan de la puerta de nuestro domicilio o, en el hipotético y afortunado supuesto de seguir trabajando, de la puerta de nuestro trabajo?...

A todas luces un caso de difícil resolución.

La sociedad civil tendrá que organizarse en algún momento "crucial" para el planeta, pero ¿vamos a esperar que surja espontáneamente un movimiento ciudadano que solucione todos nuestros problemas incluso cuando sea demasiado tarde?