27 mar. 2014

El valor de la tecnología

Antes de comenzar, me gustaría ilustrar con un ejemplo. Hace unos días coincidí con una persona interesante con la que compartí un par de horas de conversación. Estaba a punto de cambiar su flamante BMW por otro todavía mejor, a mi pregunta de si sentía una atracción especial por los coches me respondió que no, simplemente que consideraba que la buena calidad se nota en todos los detalles y que le estaba dedicando atención al tema porque siempre hay que estar lo mejor documentado posible para hacer algo. Durante un buen tiempo me estuvo contando acerca de todos los aspectos sobre los que había indagado y como poco a poco había conseguido adquirir un buen conocimiento de las diferencias en cada caso, así como lo que realmente valía la pena pagar. Al final me confesó que el vehículo costaba 90.000€, pero que lo pagaba la empresa de la cual era director general.
Tras unos segundos de silencio le comenté un poco a que me dedicaba y le pregunté por la función de tecnologías de información en su compañía. Su respuesta fue: “No me hables de eso, nos gastamos casi 3 millones de euros al año en informática y si te soy sincero no tengo ni p. idea de lo que hacen estos tíos”.

Tuve muchas ganas de decirle: “obviamente conocer con detalles las dimensiones de los neumáticos de tu nuevo coche aporta mucho más a tu empresa que saber cuál es la tecnología que se utiliza o la estructura del equipo que soporta esta función y como se entrelaza este en la organización”.
Estoy seguro de que este hombre conocía mucho mejor al comercial que le había vendido el coche que a su director de tecnología. Esta desinformación y por tanto falta de atribución de valor es algo mucho más que frecuente de lo que se piensa en las organizaciones de hoy en día. Incluso cuando muchos de los directivos saben que sus organizaciones no podrían funcionar sin el apoyo de los sistemas de información, consideran a estos como un lastre necesario y en lugar de potenciar su crecimiento acercándose a ellos a comprenderlos y mejorarlos, los critican menoscabando su excelencia sin saber que en ellos puede estar la clave de una operación excepcional, y se limitan a solicitar impertinentemente el último modelo de iphone.

Hace no muchos días estuve en una empresa donde uno de los máximos directivos proviene del ámbito de la tecnología y por afinidad le presta una atención especial a los sistemas y como soportan las operaciones de la organización. Han conseguido incrementar su volumen de facturación en más de un 400% incrementando su plantilla tan solo en un 15%, e incrementando sus gastos de TI un 130%.
¿Te atreves a pensar que sucedería en tu organización si se incrementa tu facturación en un 400%? ¿Cuánto incrementarías tu plantilla? ¿Tienes tus procesos modelados y mecanizados para absorber un crecimiento así?

Me cuesta mucho creer que todavía hay directivos de los que no reaccionan cuando saben que sus empleados pierden media hora al día (que cuesta alrededor de 10€) viendo como encienden sus viejos ordenadores que reemplazarlos costaría 1€ al día, con la motivación y reconocimiento adicional que ello conlleva. O de aquellos que no han utilizado nunca los sistemas de información de su compañía y plantean en las reuniones las soluciones de las que les hablado algún amigo o han leído en las páginas dedicadas del periódico dominguero. Me parece increíble que haya muchos que solo hablan con sus responsables de tecnología cuando necesitan un nuevo teléfono para regalar o aquellos que se jactan de haber reducido los costes de TIC mientras han incrementado el nivel de lujo de sus coches de empresa.


Me cuesta mucho creer que a estas alturas alguien crea que puede hacer algo excepcional en su organización sin contar con unos sistemas de información que ocupen el lugar que les corresponde.