23 may. 2012

Simplificando



Hace ya años, cuando era un niño, le oí a mi profesor ese dicho de “lo bueno si breve, dos veces bueno”.  Después de muchos usos en situaciones donde, como se suele decir, venia al pelo, en estos días identifico hacer uso de la simplicidad y la brevedad como uno de esas herramientas necesarias para apalancar y poder mover la gran losa de la crisis.

Durante años, ha existido una tendencia a crear largos informes, a elaborar complejos planes de trabajo para abordar tareas, a incorporar más y más funcionalidades a todos los aparatos que nos rodean, como si de cantidad se tratase, sin tener en cuenta el valor aportado. Un buen día, aparece un teléfono con dos botones y se convierte en el aparato más deseado y vendido, me refiero, como no al famoso Iphone.

Tengo la convicción de que son momentos donde debe primar la simplicidad en lo que hacemos, utilizar permanentemente la regla del 80-20, no perder de vista la relación coste/valor y tratar de darle a todo lo que hacemos una dosis de excelencia e ingenio.

Uno de los aspectos más destacados y que me dan mucho que pensar, es la simplicidad en los trámites administrativos, sobre todo los que se refieren al ámbito empresarial. Todos tenemos claro que gran parte de las oportunidades de que disponemos en nuestro país, pasan por la creación de muchas nuevas y pequeñas empresas. Estas serán capaces de dejar atrás el lastre de una legislación extremadamente proteccionista, serán capaces de adaptarse con rapidez, de innovar, de generar un porfolio de productos y servicios competitivos en los mercados globales y como no, de generar empleo y riqueza. Día a día, me relaciono con personas que tienen interesantes ideas que podrían derivar en la creación de una empresa para desarrollarlas y comercializarlas, sin embargo, su cara lo dice todo cuando se lo planteas: un camino largo e incierto. Y yo añadiría obstaculizado, obstaculizado por una administración descoordinada que exige contar con especialistas, llamados gestorías para abordar el problema. UN SOLO PAPEL, así de sencillo debería de ser, este objetivo tendrían que anotárselo los responsables de las administraciones publicas. Un solo papel y algún conjunto más de medidas REALES, que permitan al emprendedor resbalar hacia adelante en el ya de por si complicado camino de la empresa.

Tal vez así consigamos atajar en el camino que nos queda por recorrer en lo que podemos denominar nuestra “deuda productiva”.

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